Matt Elliott
The Mess We Made

A la de una, a la de dos, a la de tres. No me hablarías, así que bajaría a la farmacia y compraría pastillas para dormir (de esas que se venden sin receta). La idea es echarlas al de zumo de melocotón muy bien machacadas. Irme a trabajar, volver, y encontrarme el resultado en la cama, manchando la almohada de vaho y baba. El cuchillo que hace poco compramos podría servir, pero me echaría atrás en el último momento porque ¿y si me va a dar asco, fracaso y ahora cómo te explico esto? Elegiría el clásico de la asfixia con cojín, te amarraría con camisetas hechas un nudo de pies y manos. Ahora sí, a la de una, a la de dos, a la de tres. Frío. Terror. Se me pasaría por la cabeza de forma compulsiva “país sin ley de extradición”. Claro, llamo a mi madre, le pido dinero para un billete de avión, escondo los restos en el armario empotrado y para cuando se destape todo ya habré volado muy alto. No. Descartaría la opción de huir, no podría seguir viviendo así. No sé por qué. “Será por la sensación de que siempre te están buscando”. No, que va. Es simple y llanamente que no podría vivir así. Esta vez soy incapaz de huir.
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Etiquetas: electronica, slowcore





¡Bieeeeen!
El 1 de noviembre, a las doce de la noche, enciérrate en una habitación que estará toda cubierta de paños negros, teniendo como único mueble un mesa de tres pies y sobre ella dos cirios de cera encendidos, en medio de ellos un cráneo humano; desnúdate por completo, y en pie, con la mano izquierda sobre la calavera y sosteniendo en la derecha un tridente, elevarás la vista al techo de la habitación, que también estará cubierto de un paño negro y pronunciarás mentalmente esta frase:
!Booz! !Adonai! Lux, Tenebrol, !Belial!
Os detendréis un momento y luego diréis:
“Rey de los infiernos, poderoso señor a quien el mundo rinde culto en secreto; tú que dominas desde los antros tenebrosos del infierno hasta la superficie de la tierra y sobre las aguas del mar: espíritu infernal que todo lo puede, yo te adoro, te invoco, te pido y exijo después de entregarte mi alma para que de ella dispongas que abandones las regiones infernales y te presentes aquí dispuesto a concederme lo que te pido de todo corazon y con el alma condenada te entrego mis tesoros, mi dicha entera si accedes a mis ruegos. Ven a mi, Rey y señor, soy tu siervo, ninguna imagen ni objeto religioso hay en mi casa, preséntate sin temor de ser desobedecido; llega…, desciende, penetra…, sube…, Luzbel…, Satanás…, vea tu sombra majestuosa este tu esclavo, Maldito, maldito sea el día que sobre mi cabeza derramaron agua; Satán, Satán, soy tuyo…”
Concluida esta invocación se traza con el tridente un triángulo en el aire y el diablo aparece dentro de las tres líneas sobre un foco luminoso; en este instante échate en el suelo boca abajo y mientras la sombra diabólica te cubre con las dos manos, pide en voz alta lo que desees y se te concederá, pero ten prudencia y valor; si oyes ruido no te amedrentes y si el señor de los infiernos te habla no contestes en alta voz sino mentalmente.
Se ha de tener especial cuidado de no mirar el foco de luz.